¿Sueñan los chimpancés con tormentas eléctricas?

Hace algunos años un estudio científico de la Universidad Humboldt de Berlín, observó un comportamiento extraño en los chimpancés africanos. Se dedicaban a acumular piedras en ciertos lugares concretos. Los científicos no encontraron ningún propósito funcional en este tipo de comportamiento. Llegando a la conclusión de que se trataba de algún tipo de ritual. Las construcciones con piedras en forma de enterramientos, han sido los primeros testimonios de comportamiento religioso en los orígenes de la humanidad. De hecho, las poblaciones indígenas de África occidental donde tuvo lugar la investigación con los primates, también acumulaban piedras en árboles sagrados. ¿Quizá un comportamiento adquirido por imitación, o algo más?

¿Sueñan los chimpancés con tormentas eléctricas?

Desde el inicio de los tiempos la humanidad ha buscado explicación al mundo que la rodea. Somos seres racionales, necesitamos dar un sentido a nuestra vida a través del conocimiento, resolviendo cada enigma que nos plantea nuestra propia existencia en un mundo hostil. Hemos conseguido llevar ese instinto de supervivencia primario a otro nivel llamado inteligencia. El temor a lo desconocido en la oscuridad de una caverna, el inquietante aullido del viento que nos persigue en la distancia, las atronadoras nubes que descargan su furia sobre nuestras cabezas, o el precioso arcoíris y la reconfortante calidez del sol cuando pasa la tormenta. Fenómenos que nos plantearon preguntas, que al racionalizarlos pasándolos por el tamiz de nuestra imaginación, se volvieron algo más. Espiritualidad. Es curioso como tratamos de enfrentarla contra la racionalidad, cuando en primera instancia fue una hija deseada que nos ayudó a evolucionar en nuestro avance hacia la civilización. Son los tres pasos que nos llevaron a crear la cultura: racionalidad, imaginación, espiritualidad. Claro que no podemos obviar a la ciencia, pero sin esos tres primeros pasos no habríamos empezado a caminar hasta encontrarla. Fueron el inicio de nuestra historia. Porque el mundo está hecho de historias que parten de nuestros sueños. Ese ser primitivo y racional que vio caer el rayo y quedó abrumado por su poder. Tuvo una idea, imaginó a un poderoso espíritu vigilando todo desde el cielo. Soñó con un panteón de entidades llamados dioses, que personificaban cada aspecto de su mundo. Comenzó a contar historias en reuniones alrededor de la luz del primer fuego. Creó una mitología y le llamaron chamán, sacerdote o guía. Llenó de historias y sueños otras mentes, y con ellas los dioses crecieron. Porque como el mundo y las civilizaciones, los dioses también están hechos de historias y sueños.

El libro American Gods, de Neil Gaiman (cómo no), nos plantea eso y mucho más. Sombra es un hombre que ha tomado una serie de malas decisiones, cuya vida en la cárcel se reduce a una sola esperanza. Sin embargo, a pocos días de su salida, esta se trunca de forma irreparable. Vacío, sin nada por lo que luchar, recibe una curiosa oferta de trabajo del extraño y carismático señor Wednesday. Iniciarán un largo viaje por toda Norteamérica, reuniendo aliados para la gran guerra. Dioses antiguos de distintas religiones, seres mitológicos de todo tipo, desfilarán por sus páginas creando un mundo muy particular y no tan diferente del nuestro.

«Piensa que somos símbolos; somos el sueño que la humanidad crea para encontrarles sentido a las sombras en las paredes de la caverna. Y ahora sigue tu camino. Tu cuerpo se está enfriando. Los locos se están reuniendo en la montaña».

American Gods

¿Tantos dioses y religiones conviven allí? Estados Unidos es un país de inmigrantes, de personas venidas de todas partes del mundo portando su propia maleta repleta de historias y sueños. Como los dioses y su folclore. Culturas que se van filtrando e impregnando de costumbres y mitos el imaginario colectivo de un país. Bien sea convirtiendo una fiesta celta de los muertos en un evento consumista o el solsticio de invierno en… otro evento consumista, vaya. Porque ese es el conflicto que mueve esta historia, la gran guerra que se avecina tras cada página. Antiguos dioses surgidos de sueños contra los nuevos dioses creados por nuestras necesidades. El autor aplica una vuelta de tuerca a ese concepto de los dioses nacidos de la leyenda, enfrentándolo a los dioses creados por nuestras necesidades artificiales. Odín, Kali, Chernobog, entre otros, no están dispuestos a que Ciudad, Comunicación o Mundo, les releven en el imaginario de los mortales. Estos nuevos dioses no buscan historias ni leyendas en las que medrar, sino fieles esclavos de ese bienestar artificial lleno de vanidades que es el mundo moderno.

¿En qué momento cambiamos hazañas por “me gusta”, comunidades por “suscriptores”? ¿Cuándo dejamos de soñar para ver los sueños de otros en una pantalla?

¿Sueñan los chimpancés con tormentas eléctricas? No lo sé, pero si lo hacen, espero que sean más inteligentes que nosotros y no se dejen esclavizar por sus propios sueños.

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