El sueño de una pradera

Como decía el gran René Lavand «Para lograr una pradera, hacen falta tres cosas: Una mariposa, una abeja y un sueño». Al menos una puedo asegurar, porque todo empieza con un sueño. Esa idea primigenia, la chispa que prende la hoguera de nuestra imaginación, cuya luz se expande en un viaje metafísico desde el sueño a la vigilia. Pero si voy a hablarte de sueños, no puedo sino recurrir al maestro de todos, a la fuente original tras las míticas puertas de Cuerno y Marfil. Morfeo, el Rey de los Sueños en esa obra maestra del cómic y la metaliteratura que es The Sandman, de Neil Gaiman.

El Rey del Sueño

Cierto día, una suerte de Fausto moderno llamado Roderick Burgess, trata de atrapar a la Muerte. Sin embargo, el conjuro no sale como esperaba, atrapando en su lugar al hermano menor de esta, Sueño. Lo mantiene en una celda mágica de cristal, tratando de subyugarlo día y noche, pero no recibe ni una sola respuesta por su parte. Hasta tal punto es inútil, que acaba muriendo sin recibir una sola palabra. Sueño no tiene ningún poder en esa celda, pero cuando eres eterno la paciencia puede ser igual de mortal. Setenta y dos años después, un ayudante de su hijo Alexander (que ya es un viejo), comete un error que desencadena su liberación. Sueño, viendo que ha sido despojado de todos sus objetos de poder y que su captor ya murió hace años, decide cumplir la venganza con su hijo. Lo condena con el Don del Despertar Eterno. Sumido en una pesadilla eterna, en la que al despertar descubre que se encuentra dentro de otra.

A partir de este momento lo acompañaremos en su periplo para recuperar las reliquias perdidas que contienen porciones de su poder. Conoceremos a los Eternos, su familia disfuncional. Un grupo de entidades eternas y muy poderosas que representan diferentes aspectos universales. Sus hermanos y hermanas: Muerte, Destino, Deseo, Desespero, Destrucción y Delirio. Viajaremos al mismísimo Infierno, donde encontraremos a su desganado dueño, Lucifer Morningstar. A otras realidades y épocas, adelante y atrás en el tiempo; presenciando un largo desfile de dioses, seres míticos, personajes históricos y leyendas. Porque The Sandman es como los sueños, no transcurre de una forma lineal. Los sueños solo tienen sentido mientras estás soñando. Esto es lo que pretende y consigue el autor, te sumerge en una historia de historias de las que eres cómplice y espectador. Como un sueño ligero que se vuelve cada vez más denso y profundo.

El Príncipe de las Historias

De hecho, Sueño tiene muchos nombres y títulos. Uno de ellos es Morfeo, Príncipe de las Historias. Y todos aquellos que inspiran con sus historias, como Shakespeare, son agentes del Sueño. En su reino, dentro del castillo de Sueño, Lucien el bibliotecario cuida de una biblioteca de libros que no se han escrito nunca. En The Sandman los juegos entre sueños y literatura, realidad y ficción, son una constante. Imagina ese punto en el que te estás durmiendo, pero tus procesos mentales siguen a pleno rendimiento. Ese instante cuando te adentras en el sueño y eres consciente de ello. Si consigues mantener un poco más esa conciencia, quizá te puedas dar cuenta y entenderlo todo. Pero en cuanto despiertes, no recordarás nada. Tendrás esa sensación tan molesta de saber que has soñado y casi recordarlo. Ese breve espacio entre la consciencia y el sueño, es conocido en el cómic como los Lugares Blandos. Un desierto donde convergen realidad y sueños, personas de nuestro mundo de todos los tiempos, como en una ocasión el propio Marco Polo. Viajan perdidos entre sus arenas, asistiendo a eventos oníricos de cierta importancia. Quién sabe, quizá tú o yo nos hemos encontrado más de una vez allí. Escuchando un cuento de Sherezade a la luz de la luna, echando un pulso con Sansón, o tomando un té con Bastet a la sombra de una palmera. Por desgracia, solo aquellos a los que Morfeo da permiso son capaces de recordarlo. Cuántas grandes historias nos habremos dejado olvidadas bajo esas arenas.

Viajeros de historias y sueños

Al fin y al cabo, The Sandman es un viaje al corazón de las historias y al íntimo proceso creativo entre los sueños y el escritor. De cómo las historias son otra forma de inmortalidad. Citando a Morfeo:

«No es necesario que algo haya sucedido para que sea cierto. Las historias y los sueños son reflejos de la verdad que perdurarán cuando los hechos sean polvo y cenizas, caídos en el olvido»

No en vano, en su universo existe una posada al borde de un acantilado en el fin de los mundos. Donde viajeros de distintas realidades buscan refugio y sus historias son las monedas de cambio.

Permíteme pues, ya que has llegado hasta aquí, que te pague con la misma moneda. Te ofrezco un mirador donde los mundos no acaban, sino empiezan. No sé si soy un agente del sueño, pero mi sueño es entretenerte. Por eso te pido que me acompañes, te prometo que el viaje al menos, será único.

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